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El valor de la palabra

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marzo 3, 2012

Raúl Colín*

Llega a mi mente el recuerdo de mi padre, un hombre forjado en la adversidad  que logró salir adelante trabajando incansablemente.  Él tenía una forma muy peculiar de ver la vida.  Por ejemplo, siempre fue reacio a usar tarjeta de crédito, pues decía que no podía gastar más de lo que tenía en su bolsillo.  Asímismo, evoco los momentos en que cerraba un negocio o hacia un trato, simplemente con un apretón de manos. “mi palabra vale más que mi firma” solía decir.  Era un hombre serio y respetado.  Jamás empeñó su palabra en vano.

Esto viene a colación porque hoy en día, el valor de la palabra se ha perdido, es común que no haya el menor respeto a lo que se promete, y mentir es más frecuente de lo deseado.  Esta característica esta aún más arraigada en los políticos.

Hace unos meses, el frustrado candidato a la presidencia por el PAN, Ernesto Cordero, mencionaba en entrevistas que ser Presidente no estaba en sus planes, para semanas después, disputar esta candidatura con todos los recursos a su alcance.  Años atrás, Andrés Manuel López Obrador, decía  a cuanto periodista le preguntaba sus aspiraciones “a mí denme por muerto, no tengo intenciones de ser  Presidente” y hoy, busca afanosamente por segunda vez la Presidencia de la República.

Ejemplos como los dos anteriores son solo una muestra de miles: políticos que hablan de honestidad, mientras se enriquecen ilícitamente, en la tan publicitada democracia, que es una palabra común en los discursos y que no es  más que una simulación,  ya que nos queda claro que en la mayoría de los casos ganan los candidatos con más recursos económicos. Se habla mucho de justicia, que realmente no es más que un bien de consumo. Austeridad es otra frase comúnmente usada, pero realmente poco practicada.

Estamos tan acostumbrados a ellas que ya nos creemos las mentiras y más aun, los que frecuentemente las dicen, se creen sus propias falsedades; por eso muchos políticos hablan con vehemencia de la honradez, los valores y la justicia, temas que ni por equivocación practican.

Bastaría hacer una recopilación de las miles de promesas de campaña jamás cumplidas por candidatos de todos los partidos, para observar la facilidad con la que se miente y se prometen cosas que de antemano, saben que no van a suceder.

Decía el ex presidente Adolfo López Mateos en referencia a su experiencia política: “al quinto año en el poder te tratan como Dios, y no sólo lo crees, lo eres”

Quizá una de las frases más llenas de verdad, emitidas por un político,  fueron las que dijo  Plutarco Elías Calles, fundador del Partido Nacional Revolucionario, que luego se convirtió en el PRI.  “La política es una cloaca: siempre lo ha sido”.

Joseph Goebbels el Ministro de Propaganda y luego Canciller de la Alemania Nazi, y uno de los ideólogos de Hitler, quien poseía un protagonismo desbordante y tenaz sumado a una inteligencia superior orientada a las comunicaciones, a la psicología de masas y a lo artístico. Una de sus máximas preferidas para definir las mentiras era:   Una mentira mil veces repetida….se transforma en verdad.

¡Cuánta razón tenía y cuan útil es esa frase en la actualidad!

El problema fundamental es cuando una persona deja de sentirse humano y cree que el poder efímero, lo convierte en un ser diferente, iluminado, especial.

Algo habrá que hacer para regresar a lo básico, a los valores que hemos perdido y tal vez el más importante es dar credibilidad  a nuestra palabra y decir la verdad.

En lo personal, los peores problemas que yo me he infringido, por cierto, con graves consecuencias, han sido provocados por decir mentiras o no cumplir mis promesas.

Mucho tengo que trabajar en mi persona, como para intentar cambiar a  los demás, algo, que ni deseo, ni intento, solamente sé que por desgracia, tenemos que vivir en una sociedad acostumbrada  a las mentiras, a la manipulación, a la doble moral y  a la simulación.

México requiere muchas cosas para ser el gran país que debería ser, pero no solamente una mejor administración, y más infraestructura, sino retomar los valores,  necesitamos ser honestos, cumplidos, responsables,  participativos.

Nosotros, como sociedad, tenemos la culpa de los que nos sucede al permitir la demagogia, las palabras falsas, al no tener memoria de las mentiras y de los engaños.

Sería maravilloso que, como hace muchos años, bastara la palabra empeñada  y un apretón de manos para cerrar un trato. Es triste ver que hoy, ni una firma vale, ante las lagunas de la ley que permiten que quien más mentiras diga, gane un caso.

Y aún falta lo peor, pronto, al inicio de las campañas políticas, estaremos expuestos a escuchar un cúmulo de mentiras y promesas que nos se cumplirán.

*Analista

¿Estamos seguros?

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marzo 1, 2012

Raúl Colín*

Por más que estemos acostumbrados a las noticias de nota roja que nos sea habitual desayunarnos con periódicos que nos presentan fotografías de cuerpos que yacen abatidos, la información de la fuga masiva de reos en el penal de Apodaca, en Nuevo León, y la matanza que ahí se desarrolló, cimbraron a la opinión pública.

Luego vinieron los confusos señalamientos de la autoridad, información a cuentagotas, contradictoria, incompleta, para dar paso a las declaraciones en las que se culpaban mutuamente el gobierno estatal y el gobierno federal de tal hecho.

Lo único que quedo de manifiesto, es la complicidad de la autoridad para que esto sucediera. No es posible imaginar un operativo de tal magnitud, sin la colusión de custodios, guardias y altos mandos del penal.

Comento un asunto que  es preocupante y que aplica el dicho de que “sobre advertencia, no hay engaño”.

Y es que desde agosto del 2011 apareció una manta, colgada de un puente peatonal, en Monterrey, en la que se advertía sobre la fuga masiva en el penal de Apodaca. El texto va dirigido a Felipe Calderón y al gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, en el que aconsejaban poner más atención a los penales del estado, en especial al de Apodaca.

A continuación me permito reproducir el mensaje íntegro de la referida manta:

“Sr. Presidente: Felipe Calderón Hinojosa

“Sr. Gobernador: Rodrigo Medina

Hay que ponerle más atención a los penales de Nuevo León, principalmente al de ‘APODACA’ ciertos presos tienen el privilegio de salir y entrar al penal, en estos días se maneja una fuga masiva hay personas de afuera interesadas en sacar a un tal ‘FITO’ preso en el penal de Apodaca esta persona cuenta con orden de aprehensión en Estados Unidos de América, por ser el principal distribuidos de cocaína y quien trabaja para la ‘RANA’ actual encargado de los  Z en Nuevo León y el principal exportador de droga para Estados Unidos. El nombre real del ‘FITO’ es (RODOLFO PEÑA TERCERO) y el nombre de lista dentro del Centro de Readaptación ‘PENAL’ de ‘APODACA’ es ‘ABELARDO GARCÍA PEÑA’.

Interesante ¿verdad?

Por una parte, existe una lucha encarnizada en contra del crimen organizado         (que por lo visto esta excelentemente organizado) que ha dado pie a innumerables críticas en contra del presidente Calderón, y por la otra, la ineficiencia de jueces que no condenan a los delincuentes, de policías corruptos que no actúan, y  finalmente, cuando se logra llevar a los delincuentes a la cárcel, sucede lo que ya he descrito.

Ahora, nos encontramos con la noticia de la fuga de un asesino serial y violador, Cesar Armando Librado, apodado sarcásticamente “el coqueto”, quien prácticamente huyo en las narices de sus captores, quienes lo tenían resguardado en la procuraduría del estado de México, sin “esposas” y cerca de una ventana abierta.

Este delincuente confesó sin el menor asomo de arrepentimiento el asesinato de siete mujeres, luego de abusar sexualmente de ellas.

Este y muchos ejemplos más, nos dan cuenta muy clara, de la corrupción, opacidad y mal manejo de nuestro sistemas de justicia y seguridad, que sin duda, serán los dolores de cabeza de nuestros próximos gobernantes, empezando por la persona que ocupe el lugar de Felipe Calderón.

Algunos se quejan de que el ejército haya salido de sus cuarteles para apoyar esta lucha, no me imagino donde estaríamos sin su intervención y la de la marina armada.

¿Estamos seguros?  Creo que mi ingenua pregunta, no amerita respuesta.

*Analista

El bien común

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febrero 21, 2012

Raúl Colín*

El bien común es una definición compleja, difícil,  en la que aún los autores especializados no se ponen de acuerdo,  a pesar de lo simple que parece.  La lógica, nos indica que es una acción que beneficia a todos, o al menos a la mayoría.  Es la búsqueda de un cierto fin social que es percibido como deseable y positivo.

Este precepto, debería ser la  idea central de todo gobierno: buscar situaciones que privilegien a la comunidad por sobre los intereses personales. No estoy hablando de socialismo o comunismo, a pesar de que yo parto de la idea de que  debe de haber igualdad de oportunidades para todos.

Por la situación que vive nuestro país, me permito entender que estamos como estamos porque sucesivos gobiernos  han dejado de lado la práctica de buscar el bien común para solamente incrementar el poder y los beneficios de muy pocos grupos, aun en contra de la colectividad.

Sindicatos, partidos políticos, grupos empresariales, organismos no gubernamentales y aún gobiernos, han sido manejados con la idea central de perpetuar el  poder en  grupos que tienen objetivos específicos, que no siempre van encaminados al beneficio de la mayoría.

Nuestro sistema esta cimentado en esta práctica, y mucho trabajo tendremos que desarrollar para cambiar las cosas pues es obvio que quien hoy detenta el poder (y con ello privilegios, canonjías e impunidad) no lo dejará fácilmente.

Por ello vemos líderes sindicales y empresariales que desean permanecer en sus cargos por años y años,  políticos que brincan de una posición a otra,  e incluso que cambian de partido político,  sin tener ninguna ideología,  más allá del ego y del beneficio personal.

El egoísmo, una muy mala educación, y la falta de conciencia, son algunos de los factores que impiden transitar hacia otros estadios y nos obligan a vivir en un régimen en dónde el bien común es letra muerta.

Ahora que se acercan las elecciones presidenciales y junto a ellas las de senadores y diputados, es común escuchar en las noticias los pleitos internos en los partidos políticos por las posiciones y el poder.

Grupos que pelean por asignaciones aun entre sus correligionarios, en donde  cada sector quiere obtener su tajada, se trata de imponer a amigos, conocidos y compadres por sobre la selección de la mejor persona para gobernar. Quizá lo que menos cuente sea la capacidad, la destreza, conocimientos  y habilidades de una persona, ya que se le da más peso al grupo al que pertenece y  a ¿qué esta dispuesto a dar?

Frases hechas como “negociación política”, “acuerdos”, “compromiso político”, son algunas que frecuentemente se escuchan entre la clase política y, pocas veces, quizá muy pocas, la palabra “bien común”.

Si en nuestro país ha permeado la inseguridad,  el poco crecimiento económico, la falta de educación de calidad es simplemente  porque  hemos dividido al país, y cada vez trabajamos menos en equipo: la polarización nos ha hecho un daño infinito que se está reflejando  en los resultados.

Necesitamos regresar  a las prácticas más simples: trabajo en equipo, conciencia y amor. Y no hablo del amor fingido del muy cansado Andrés Manuel López Obrador, sino del amor verdadero al prójimo.

Es prácticamente imposible avanzar sin una definición correcta del modelo de país que queremos,  necesitamos  buscar puntos de acuerdo y minimizar nuestras diferencias. Trabajar como un solo equipo y dejar los discursos y acciones agresivas para pasar a lo  meramente propositivo.

El bien común no es una utopía, es un estado deseable y posible, si solamente nos despojamos de egos y trascendemos en nuestra conciencia.

México requiere despertar  e iniciar un nuevo viaje a  través de la historia, que nos permita alcanzar condiciones de crecimiento económico, social y cultural, que nos ofrezca oportunidades a todos y no solamente a quienes se perpetúan en el poder.

La respuesta, como siempre, queda a nivel individual, que es el único entorno que podemos cambiar. Demos el primer paso y busquemos en cada  pensamiento, en cada acción, lo que mejor funcione, siempre pensando en la búsqueda del bien común.

*Analista

Ya estan los tres

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febrero 14, 2012

Raúl Colín*

Luego de varias semanas de suspenso, por fin, quedó integrada la lista de los candidatos a la Presidencia de la República y, como era de esperarse, a pesar de las especulaciones, Josefina Vázquez Mota, será la abanderada del PAN.

Lo más probable es que todavía pudiera haber un nombre más en la boleta electoral, luego de la separación “amistosa” entre el PRI y el PANAL, quienes rompieron su alianza electoral ya que este último partido, pudiese postular un candidato a la Presidencia, que sería más testimonial que efectivo pues son nulas sus posibilidades de obtener un triunfo, aunque, evidentemente, esta separación hará mella en el PRI.

Se vislumbra un panorama interesante: rota la alianza con el PRI, la maestra Elba Esther Gordillo no tendrá en los candidatos del PAN y del PRD, personas interesadas en otorgarle privilegios a cambio de los votos que pudiese ofrecer.

Recordemos que cuando Josefina Vázquez Mota fue secretaria de Educación Pública, mantuvo muchas disputas con la eterna líder del Sindicato de Maestros y que ambas profesaban una animadversión recíproca. Nunca lograron ponerse de acuerdo y en los corrillos políticos se mencionó insistentemente que la caída de Josefina de esta Secretaría, se debió, precisamente,  a una petición expresa de Elba Esther al mismísimo Felipe Calderón,  que obviamente este habría atendido en aras de no enfrentarse a la poderosísima lideresa.

Obviamente Andrés Manuel López no tiene ninguna simpatía por la maestra  y es casi imposible que logre algún acuerdo con ella, pues a pesar de su “República amorosa”,  sabemos que el famoso “Peje”, se  caracteriza por ser vengativo y poco propenso a cambiar sus siempre radicales ideas.

Este enfrentamiento de Elba Esther Gordillo con los tres personajes de los cuales surgirá el Presidente de la República, “nos abre un espacio a la esperanza”, porque ahora sí, podríamos tener la oportunidad de  hacer algo para mejorar la educación en nuestro país, quitándole fuerza al poderoso sindicato, misma  que se ha acumulado por años, y que tiene sumido a México en un verdadero caos educativo.

No es  un secreto para nadie, que solo con educación de calidad, lograremos avanzar y erradicar los problemas principales de nuestro país. La educación es la única llave que abrirá la puerta del progreso, que nos hará más competitivos  y que dará oportunidades a millones de jóvenes para lograr mejores condiciones de vida.

Los expertos de todo el mundo están de acuerdo con que hay tres similitudes entre los sistemas escolares que han logrado los mejores puntajes: escoger a las personas adecuadas para ser maestros.  Desarrollarlos específicamente para ser instructores efectivos. Y asegurar  que cada uno de los alumnos alcance una buena educación,  mediante apoyos puntuales y acciones remediales al alcance de todos. ¿Estaremos haciendo esto ahora? Definitivamente no.

El problema no es de recursos, sino de que estos son mal usados.  La Cámara  de Diputados, manifiesta en su informe anual  de 2011, que el gobierno federal propone un gasto de 531,758.1 millones de pesos para 2012.

El inconveniente es que la mayoría de estos recursos van directamente al Sindicato, dirigido de manera vitalicia por la maestra Gordillo (¿no resulta verdaderamente ilógico que en nuestra época existan nombramientos vitalicios?), quien como ha sido ventilado públicamente, no posee precisamente fama de ser buena administradora pública; aunque habremos de reconocer, que sí es extraordinaria inversionista, pues con su magro sueldo de maestra y de funcionaria, ha amasado una fortuna que muchos empresarios no tienen.

Ya están, pues, los tres principales candidatos a la Presidencia de la República,  esperemos que centren sus esfuerzos y propuestas en cómo mejorar la educación en nuestro país para generar niños y jóvenes creativos, con conocimientos,  ímpetu y ganas de emprender.

Para que esto suceda, quizá los tres candidatos presidenciales tendrán que ir en contra de sus propios principios, ya que, es evidente que se desatarán los sistemas de atracción de voto clientelar, la compra de conciencias a través de dádivas y promesas, y todo lo que el sistema político mexicano  ha creado a través de muchas generaciones, en donde se requieren ciudadanos que no piensen, no reclamen y que se conformen con una camiseta, una despensa o simplemente una promesa.

México tiene que cambiar y esto solamente lo lograremos a través de una educación de calidad que permita que millones de mexicanos,  que ahora viven marginalmente, lo puedan hacer con dignidad, accediendo a mejores condiciones de trabajo y oportunidades, basados en una  mejor educación.

La palabra la tienen los candidatos, de quienes surgirá nuestro próximo Presidente para pasar de los discursos a los hechos para transitar de las promesas a la acción; para dar un giro que logre que nuestra nación realmente obtenga su potencial y emerja, como ya lo han hecho otros países, de una condición de desigualdad social,  a un estadío de oportunidades y desarrollo.

Hoy, la educación es una asignatura pendiente, ya qué millones de mexicanos no tienen acceso a educación de calidad.   ¿Quién se comprometerá?

*Analista

Infraestructura

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enero 31, 2012

Raúl Colín*

México es un país inmensamente rico, con una gran cantidad de recursos materiales pero,  desgraciadamente, históricamente muy mal administrado.

Contamos con una gran variedad de climas, una exuberante naturaleza, playas, bosques, ríos, lagos y fauna.  Lugares adecuados para siembra y para la crianza de ganado.  La naturaleza ha sido generosa con nosotros, desafortunadamente, esto lo han aprovechado solamente unos cuantos.

Existen varios factores para entender por qué, aun teniendo riquezas naturales que serían la envidia de cualquier país (incluso de los muy desarrollados como Suiza, por ejemplo), no logramos consolidarnos como una nación con mejores condiciones de vida.

Uno de tantos factores es la  falta de infraestructura. No es posible pensar en un país desarrollado careciendo de carreteras, puentes, aeropuertos, hospitales y espacios culturales, para el esparcimiento y el deporte.

Quizá uno de los elementos que ha contribuido de manera decidida a que no contemos con la infraestructura necesaria, es la galopante corrupción que hay en nuestro país en donde las pocas obras que se hacen son de ínfima calidad y al triple del precio real.

Sin carreteras modernas, sin caminos de acceso a poblados y sin comunicaciones adecuadas, es difícil poder acceder a mejores estadios de productividad.

Hace unos cuantos días, la Secretaria de Turismo Federal, Gloria Guevara, concedió una entrevista al periódico el País, de España, con motivo de su visita a la Feria de FITUR, que año con año,  se desarrolla en tierras ibéricas.

Uno de los objetivos planteados por la secretaria, es que México pase del décimo, al quinto lugar en la clasificación mundial de destinos  turísticos de la OMS; sin embargo, reconoce, que para lograr este objetivo, hacen falta más aeropuertos.

La visión de Gloria Guevara es excelente, México puede ser una potencia turística; sin embargo, se ha quedado corta, pues no solo faltan aeropuertos, sino infraestructura en todos los sentidos que apoyen a esta aspiración de crecimiento. Países como España, que atraen a millones de turistas, cuentan con todas las facilidades para la movilidad, con seguridad, eficacia y tranquilidad.

Transitar por las carreteras de México es una verdadera aventura, por experiencia puedo señalar que simplemente viajar de la ciudad de México a Cancún, representa una odisea, ya que en algunos tramos, (sobre todo en el  estado de Veracruz) están llenos de baches, sin señales y con una enorme carencia de gasolineras en buen estado (con baños, tiendas y comodidades que son necesarias para el turista). A esto sumemos que los peajes son altísimos en comparación a la calidad de las carreteras.

Pensar en atraer más turismo es una excelente idea, pero se necesitan más que buenos deseos, pues mientras tengamos comunicaciones de tercer mundo, seremos poco atractivos para que nos visiten de otros países.

A este factor, habría que añadirle la percepción de inseguridad que priva en nuestro país, pues aunque mucho se ha hecho énfasis en que la violencia está focalizada en ciertas zonas, el turista simplemente no quiere arriesgarse y busca otros destinos con mejor imagen.

Las rutas aéreas son un desastre, es ilógico qué un vuelo Cancún – Oaxaca sea más costoso que un viaje Cancún – Madrid, lo que  limita que los turistas europeos viajen al interior del país.  Las líneas que se habían promocionado como de bajo costo,  dejaron de serlo al desaparecer Mexicana de Aviación, quien dejó un enorme hueco en los destinos turísticos y que ayudó a que  subieran las tarifas indiscriminadamente.

Necesitamos dar un salto cualitativo, para dejar de ser vistos como un destino pintoresco y rupestre. Se requiere de manera urgente creación de mayor infraestructura.

Si el gobierno no puede hacerlo -por su propensión a una pésima administración y a la corrupción- es importante que se permita que los empresarios inviertan en infraestructura de todo tipo, que fluya el capital privado y que esto potencie nuestras fortalezas naturales. Si no contamos con una base sólida, a pesar de los planes, las buenas intenciones y la promoción, poco avanzaremos.

México puede y debe ser una potencia turística, un país que reciba el triple de visitantes, porque tenemos una enorme variedad que ofrecer, además de nuestra gastronomía y cultura, y por supuesto, la calidez de nuestra gente.

El turismo es sin duda, una fuente de riqueza y generación de empleos, que no solo se sustentará con planes, es necesario para crecer, que se invierta. ¡Qué se invierta mucho y bien!

Ojalá, más allá de los discursos y de los buenos propósitos, se sumen esfuerzos entre el sector  privado y el gubernamental,  y que además las próximas elecciones y el cambio de gobierno, no incidan en las políticas públicas relacionadas con el turismo.

*Analista

Aprendizaje

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enero 24, 2012

Raúl Colín*

Cometer errores no siempre es negativo, cuando estos sirven como base para lograr un aprendizaje. Lo verdaderamente malo es que  no aprendamos de ellos y no logremos obtener una experiencia de esas situaciones erróneas.

En México, a lo largo de mucho tiempo, hemos observado como decisiones equivocadas del gobierno,  nos llevaron a sucesivas crisis económicas y sociales.   No podemos olvidar situaciones como el famoso error de diciembre, que en pocas horas sepulto el sueno de un país que se decía iba a administrar la abundancia y que termino endeudado a tope y con la economía de millones de familias seriamente afectada.

También estamos acostumbrados a que de manera recurrente, los errores de los gobernantes en turno nos afecten sin que tengamos memoria para reclamar, por el contrario, tal parece que nos gusta que nos traten mal y que no nos permitan avanzar. La corrupción, la impunidad y la falta de honestidad en la mayoría de los gobernantes son evidentes, pero esto,  parece no importarle a nadie.

Poco hemos aprendido los ciudadanos de la fuerza que tenemos, seguramente nos sentimos dominados y pensamos que los gobernantes son entes intocables, a los que no podemos pedir cuentas.  No hay nada más erróneo, pues ellos están en el poder para tomar decisiones para el bien de todos, y su trabajo es, precisamente atender a la población, a la cual le pidieron su voto.

Hay que aprender de los errores, y esto implica generar conciencia y observar detenidamente que hemos hecho mal. La casi nula participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, la apatía y la falta de trabajo en equipo, han sido factores que han permitido que los malos gobernantes aprovechen la situación y piensen en el beneficio de grupos pequeños y no d e la colectividad.

Hay que pensar de una manera distinta, en donde sepamos aquilatar a quien esta haciendo las cosas bien, y a quienes simplemente se dedican a obtener beneficios personales.

Es evidente para la población, que gobernante esta trabajando y generando beneficios para su comunidad, y quien solamente ha llegado al cargo para obtener metas personales.

Las acciones contundentes dejan huella, las otras, las de oropel, solamente se quedan en una foto o en una declaración, pero sin la mayor consistencia.

Nos estamos llenando de políticos mediáticos, que no tienen  más soporte que un excelente equipo de comunicación, que magnifica lo que hacen, y se dedica a minimizar los errores. Políticos de plástico, que únicamente se sienten confortables en escenarios controlados y que fuera de ellos no saben como reaccionar.

Los ciudadanos, golpeados por sucesivas crisis económicas, debemos tomar este aprendizaje, y ya no regalar nuestro voto y apoyo, a quienes sistemáticamente nos han fallado.  No podemos permitir que solamente nos vean como un mal necesario, a quien recurren solamente en época electoral.

Necesitamos políticos cercanos, que cumplan sus promesas, que no eviten atender a la gente, que sean confiables, honestos y que entiendan el valor de su palabra, pues muchas veces no son capaces de respetar acuerdos, ni de escuchar.

Las elecciones próximas, serán un buen termómetro, para saber como esta nuestra participación ciudadana, ya que ha sido lamentable la cantidad de votantes en las elecciones mas recientes, dejándonos ver el poco interés que tiene la población en la política.

No podemos actuar como avestruces, es importante la participación decidida, organizada y consiente de la comunidad, para rechazar e manera tajante a quienes disfrazados de políticos, no son otra cosa mas que personas negativas para la sociedad.

Aprendamos de los errores. Dejemos de ser una sociedad sumisa y poco participativa, para convertirnos en verdaderos ciudadanos, siendo protagonistas del cambio y no meros espectadores pasivos.

México nos llama a una verdadera revolución de la conciencia, en donde unamos esfuerzos para trabajar en equipo y rechazar de manera tajante, a quien quiera usar la política simplemente para buscar poder y beneficios económicos.

Equivocarse no es tan malo, lo verdaderamente lamentable es la insistencia a continua por el mismo camino, es tiempo ya, de despertar, de actuar y tomar el control.

México esta urgido de políticos hábiles, honestos y con valores, apoyemos a los pocos que cumplen con  estas característica y digamos un rotundo ¡no! a quienes simplemente quieren obtener mejores condiciones de vida para ellos y su equipo e trabajo.

*Analista

Sorpresas

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enero 17, 2012

Raúl Colín*

El reciente anuncio de qué la señora Isabel Miranda de Wallace será la candidata del PAN al Gobierno del DF, levantó ámpula y no es para menos.  Muy sorprendidos, resultaron, los precandidatos de este partido, que ya daban por hecho su participación, y que después de una orden de “muy arriba” se quedaron como novias de pueblo. Finalmente esta decisión del PAN refleja desesperación y seguramente muchas personas  están sorprendidas.

La labor heroica de la señora Wallace es  ampliamente conocida. Una mujer que  dejó la comodidad de su hogar, un ama de casa, como muchos millones de mujeres, que abandonó el anonimato, y se lanzó a la búsqueda de quienes habían secuestrado y asesinado vilmente a su hijo. No tuvo sólo que vivir una espantosa historia de terror sino que enfrentó una lucha contra las autoridades corruptas e incompetentes qué jamás pudieron dar con los culpables.

Ella, de una forma por demás valiente y con sus propios recursos, luchó, investigó, siguió, descubrió y cercó a los delincuentes, logrando con ello lo que todo el aparato de gobierno fue incapaz de hacer: identificar y detener a los culpables del crimen.

Esta heroica labor, dio una enorme fuerza a la señora Wallace ya que millones de mexicanos la vimos como un ejemplo de valor,  determinación  y carácter.  Una mujer capaz de realizar acciones concretas.   A pesar de poner en peligro su vida, logró lo que se había propuesto durante  varios años y lo que no fue nunca fácil, puso tras las rejas a los delincuentes que habían ultimado a su hijo.

De la lucha ciudadana ha pasado ahora a formar parte de la política.  De su brillante actuación del lado de la sociedad, ha decidido sumarse a las causa de un partido y esto le ha valido un gran número de críticas.   A lo largo de estos años, entendió que el sistema judicial y de justicia de México  están mal manejados y llenos de corrupción e ineficacia.

La señora Wallace es un claro ejemplo de cómo un ciudadano participativo, con visión de dar solución a los problemas, pasa a un bando civil,  a una arena política, con los riesgos que esto representa.

No es lo mismo ver al gobierno desde fuera, que  ya como parte de él.  Muy pronto sabrá ella las penurias que se pasan en esta encomienda ante la falta de presupuesto, de transparencia y de trabajo de un gran número de burócratas.

Ojalá que la imagen limpia que ella se forjó a través de muchos años, no se vea afectada por esta decisión que sin duda debió de ser difícil de tomar.

Me queda claro que en la vida hay que tomar decisiones y que quizá esta no sea la mejor, pues, tal vez, sucumbió ante el canto de las sirenas y  aceptó esta encomienda, sin pensar las consecuencias. De ganar la jefatura de gobierno del DF, se encontraría ante innumerables problemas que quizá, ante su falta de conocimiento podrían agravarse.

No dudo de la honestidad de esta mujer que puso en evidencia a nuestras autoridades; sin embargo,  se ha planteado un reto muy complicado que tal vez le represente más problemas que beneficios ya que las críticas han comenzado y creo yo, tiene más que perder que ganar.

Lo que queda claro es que hay cada vez más una intención de la ciudadanía a participar y no necesariamente será a través de competir por cargos de elección popular sino haciendo la parte que nos corresponde.

En pocos meses,  sabremos el desenlace de esta historia, y si la señora Wallace logra ser Jefa de Gobierno o si, por el contrario, continúa luchando desde espacios de la sociedad civil.

Sea lo que sea, su actuación determinación y coraje, serán siempre una inspiración para una sociedad ávida de resultados.

*Analista

Política contra grilla

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enero 11, 2012

Raúl Colín*

La política es una actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos, es el ejercicio del poder para resolver problemas y orientar a una comunidad a mejores condiciones de vida, la política es el vehículo para logar el bien común y el bienestar de todo un pueblo.

Con el paso del tiempo, esta actividad se ha ido degradando de tal modo que algunas personas la han convertido en lo que coloquialmente se denomina “grilla”, término usado en referencia a las personas que mucho hablan, hacen ruido,  y no logran nada. Solamente confunden, confabulan y no construyen.

Existen muy pocos políticos; estos son los que escuchan, consensuan y dan un lugar a todas las formas de pensamiento.  En contraparte, existen muchos “grillos”, estos últimos, quieren alcanzar el poder con base en lisonjas, artimañas, golpes bajos, guerra sucia y ataques. No les importa lo que tengan que hacer con tal de alcanzar sus metas personales.

La política está ligada a la ética y a los valores, la grilla es destructiva y basada en el egoísmo.

Enfrentamos una época difícil, llena de retos, que puede ser el parteaguas que nos indique el destino de nuestro país, por ello, es sumamente importante saber quién es un político  y quién un grillo.

Es tiempo de construir, de buscar caminos diferentes que nos lleven a consolidar una sociedad más justa, equitativa y con oportunidades para todos y, para ello, es necesario contar con la participación de políticos que estén dispuestos a enfrentar los retos con inteligencia, conocimiento y una visión del bien común.

Ya tenemos numerosas experiencias de quienes una vez alcanzadas sus metas de obtener un cargo público, han usado éste, solamente, para enriquecerse, endeudar a su comunidad y generar más problemas que soluciones.

No podemos ser un pueblo sin memoria, no debemos soslayar lo que ha ocurrido años atrás, es tiempo de dar la espalda a los grillos,  y,  apoyar a los poco políticos que nos quedan, para que conjuntamente con la fuerza ciudadana, podamos alcanzar mejores condiciones de vida y desarrollo.

En este año inminentemente electoral, escucharemos los mismos discursos de siempre, las promesas que ya nos han hecho repetidamente, veremos a candidatos sonrientes, receptivos, amables, cercanos a la gente, muchos de los cuales, una vez en el poder, son inaccesibles, ególatras y poco propensos a la crítica y a escuchar.

No podemos permitir que se sigan gestando gobiernos con un poder absoluto, intolerantes, poco receptivos, omnipotentes. Requerimos gobiernos cercanos a la gente y conocedores de su problemática.

Es necesario retomar el camino de la ética, los valores, y el amor y no precisamente el que pregona el eterno candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, quién creo no sabe el significado de esta palabra y solo la usa por recomendación de sus asesores.

No podemos permitir que se sigan gestando gobiernos autoritarios, sin rumbo, sin metas, sin ideales y llenos de escándalos, fraudes, corrupción y malos manejos; porque finalmente nosotros, los ciudadanos y nuestros hijos, seremos los que pagaremos los errores de otros, al tener ciudades endeudadas, con nula obra pública y sin servicios adecuados.

Los ciudadanos debemos participar, aportar ideas y trabajo, y sobre todo, no ser proclives al halago fácil y a la búsqueda de favores personales.  Tenemos que pensar en el bien de la comunidad,  antes que en el propio.

La única manera de ganar la batalla a la corrupción, a la impunidad y a la incapacidad de gobernar bien, es cerrándole el espacio a los “grillos”, y fomentando la participación de verdaderos políticos que sepan administrar de manera eficiente, con gobiernos plurales, conformados por los mejores hombres y mujeres y no por amigos, familiares y “compromisos de partidos políticos”

Este año nos depara muchas sorpresas, no hay nada escrito, no existe la seguridad de quién ocupará los cargos importantes que moverán al país y al estado.  Es nuestra responsabilidad y también obligación, apoyar a quienes de verdad tengan la visión de un mejor futuro, el conocimiento y la preparación para lograrlo.

La política ya no debe ser vista como un negocio, o un “ya la hicimos, o un ya me toca”, tampoco, como el medio para que algunos grupos consoliden poder político y económico inconmensurable, sino como el camino para el progreso, las oportunidades  y la felicidad, así como la prosperidad de toda una población.

La respuesta está en nuestras manos.  En nuestra inteligencia y capacidad.            ¿Queremos gobernando a grillos, mesías, iluminados, mentirosos y ególatras?  O personas  con capacidad, visión liderazgo y honestidad.

El resultado es nuestra responsabilidad, hay que participar y no dejar que otros decidan nuestro futuro. Insisto, es tiempo de los ciudadanos

*Analista

La hora de la verdad

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enero 3, 2012

Raúl Colín*

Estamos a unos cuantos meses de la elección presidencial que marcará el rumbo del país. La incógnita será cómo reaccionará la población votante: ¿Se le dará continuidad al proyecto panista? ¿Se brindará una nueva oportunidad al PRI? O  ¿simplemente se elegirá una tercera vía, que podría ser el PRD? A pesar de las encuestas y de que los partidos políticos se dicen convencidos del triunfo, la verdad es que no hay nada seguro para nadie.

Este año electoral estará marcado por las pugnas, la guerra sucia, las noticias escandalosas y las estrategias que permitan lograr la debacle de los adversarios. Lastimosamente, se privilegiará buscar el error que enaltecer los proyectos.

Por lo que hemos visto hasta ahora, están aún guardados  los grandes anuncios y los planes que nos permitan ser mejores.  Tanto los candidatos del PRI y del PRD, como los precandidatos del PAN, han sido muy parcos en sus planteamientos, no se han comprometido y solamente han recurrido a frases comunes que todos conocemos: crecimiento, combate a la pobreza, menor inseguridad, etc.

El diagnóstico es muy claro: México es un país que está sumido en una enorme corrupción e impunidad. Sucesivos gobiernos de diferentes partidos a lo largo y ancho de nuestra geografía se han enriquecido ilícitamente al amparo del poder. No existen evidencias de que las contralorías funcionen ya que miles de políticos (gobernadores, presidentes municipales, diputados, síndicos, regidores, senadores, secretarios de Estado, etc.) han dejado sus cargos con abultadas cuentas en sus chequeras, derivadas de sus negocios y de la afectación que hacen al patrimonio de la sociedad.

La gran mayoría de los problemas de México, si no es que todos, nacen de nuestra corrupción: aquí casi todo es posible si se tiene dinero o amigos en puestos clave.  Es por ello que cada día nos enteramos de nuevos fraudes que no tienen castigo. 

La educación está por los suelos, porque se le ha permitido a su eterna líder, Elba Esther Gordillo, seguir medrando con su poder a cambio de votos.  Mientras ella continúe mandando en el sindicato de maestros, estaremos condenados a ser un país con una pésima calidad educativa.

El crecimiento estará acotado en la medida que el gobierno siga defendiendo los monopolios y no incentive la productividad, la investigación y las oportunidades a los jóvenes emprendedores.  No podemos aspirar a mejorar nuestra economía, mientras se permita que los grandes corporativos no paguen impuestos y que por otro lado se consienta la venta de productos ilegales y se de oportunidad para que el comercio informal siga proliferando.

Nuestros sistemas de salud, continuarán siendo deficientes, mientras sean un negocio para el político que lo encabece.  Recordemos que los presupuestos millonarios para compra de equipos, medicinas o la construcción de hospitales, son jugosos negocios para los amigos o allegados de los funcionarios que deciden quiénes se llevan tal o cuál licitación.

La inseguridad que tanto nos ha golpeado es sin duda producto de un sistema de justicia que se vende al mejor postor: no hay nada más desesperante que buscar el apoyo de las autoridades en este país, ya que el simple hecho de levantar un acta por robo, se convierte en todo un vía crucis para el afectado.

Aunado a esto tenemos legisladores que no logran asumir su responsabilidad y que se sumergen en el glamour y la vida fácil, olvidándose de las leyes que hay que cambiar  para bien de la comunidad, como son: la laboral, la fiscal y otras tantas que hasta el día de hoy permanecen en cajones llenos de polvo y telarañas, esperando ser analizadas y modificadas. En tanto, nuestro país continúa perdiendo oportunidades.

No será fácil, para el nuevo Presidente, enderezar el rumbo: deberá haber un verdadero golpe de timón, un cambio de rumbo, una visión renovada.

Quizá lo único que tendría que hacer (y  es aquí en dónde quizá yo confunda la realidad con un sueño o con un milagro) es buscar abatir la corrupción, la impunidad y el que,  el poder,  se concentre en unos cuantos.

Habrá que elegir. Habrá que votar. Pero también que participar, exigir, y por supuesto, hacer nuestra parte como ciudadanos, ya que nosotros también tenemos una buena parte de culpa.

México sería otro, si sencillamente respetáramos la  ley, si nuestros gobernantes fuesen honestos, si no generamos tantos políticos ricos y a la vez tantos mexicanos pobres.

Aunque nos duela, México es un país corrupto, acostumbrado a la simulación, a no ver lo que no nos conviene. 

Necesitamos despertar y entender que sólo nosotros podemos cambiar la situación.  Quizá si  nos unimos, podamos lograrlo.

*Analista

Yerros, gazapos y resbalones

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diciembre 27, 2011

Raúl Colín*

Las últimas semanas han estado repletas de errores de los principales protagonistas de la vida política, mismos que han  logrado que se llenen horas y horas en espacios informativos electrónicos y escritos, detallando estos deslices, derivando obviamente, en un alud de opiniones, ataques, burlas y comentarios que han puesto en la palestra estos hechos.

Todo inició con la desafortunada intervención de Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del  Libro en Guadalajara, seguida de la respuesta de su hija Paulina, quien dio inicio otra vez a la lucha de clases con su ya famosa “prole”, refiriéndose  despectivamente a las personas que osaron criticar a su padre.  La andanada de erratas de Peña Nieto no paró ahí: su nulo conocimiento sobre el salario mínimo y el precio de los productos básicos, alejaron más a este candidato de las masas que espera él voten por su proyecto.  Al dislate de Peña, le siguieron los de sus oponentes:

Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda, quien compite en la interna del Partido Acción Nacional, dijo en una entrevista radiofónica que uno de sus libros favoritos era “La Isla de la Pasión” de Isabel Restrepo en lugar de Laura Restrepo.

Acto seguido, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la  izquierda mexicana, mencionó que el boleto del metro de la ciudad de México costaba  “dos pesos”, cuando en realidad su precio es de tres.  De igual manera, su expresión de “República amorosa” ha generado toda clase críticas, comentarios y burlas.

La idea de que el poder político de la sociedad debe estar en manos de “los más sabios, justos y bien preparados” para ejercerlo, es tan vieja como el nacimiento mismo del Estado, y de ella se han ocupado algunos de los pensadores más reconocidos por la humanidad en el terreno de la filosofía y de la teoría del Estado.

El debate es muy amplio, las opiniones diversas y de todo tipo, y aquí es dónde, mi ego no me permite quedar ajeno a la participación y opinar sobre este asunto, que para muchos no es más que anecdótico.

No sé si estos errores tendrán relevancia en la votación del próximo julio, en donde los mexicanos elegiremos a un nuevo  Presidente. Desconozco también, a quien afectarán más estas imprecisiones; sin embargo, en mi muy particular opinión, continuamos enajenados ante el alud de opiniones mediáticas, y nos alejamos cada vez más de lo esencial y lo que nos debería de importar, que es simplemente nuestro proyecto de nación. 

Para mí, la pregunta, no es si los candidatos que se han equivocado son aptos para gobernar, sino más bien, que claridad tienen en la resolución de nuestros problemas. Hay preguntas más complejas, de las que sólo mencionaré algunos ejemplos:

¿Cómo vamos a encarar como país una reforma educativa, mientras Elba Esther Gordillo continúe liderando el Sindicato de Maestros?

¿Cómo podremos avanzar en productividad y transparencia mientras tengamos gobiernos llenos de corrupción e ineficiencia?

¿Es posible controlar la violencia, si están coludidas las corporaciones policiacas?

¿Cómo podremos generar que se den las reformas estructurales que el país necesita mientras los legisladores atiendan más a intereses partidistas que al bien común?

¿Cómo sensibilizar a un político sobre la realidad económica que vive la nación si éste está rodeado de un sistema de seguridad que no enfrenta problemas económicos y que se comporta más como Rey que como gobernante?

¿Por qué siendo un país tan rico en recursos naturales tenemos un país lleno de pobres y sin oportunidades?

¿Hasta cuándo dejaremos de ser un país que genera miles de políticos millonarios cada tres y seis años?

Estas son algunas de las respuestas que me gustaría escuchar de los candidatos, y no si conocen a un autor en específico, el precio del bolillo,  o si saben restar y sumar.  Lo lamentable es que parece que no tienen conocimiento de ni una ni otra cosa.

Hasta ahora, ningún partido o candidato, se ha pronunciado de manera clara sobre las soluciones a los problemas que aquejan al país, y más bien, se han adueñado de frases de cliché, que no comprometen ni dan confianza: “mejoraremos el país, lucharemos por ser más productivos, eliminaremos la violencia”, son algunas de las promesas recurrentes, sin mencionar cómo lo harán.

Y mientras tanto, la masa crítica, los votantes, los ciudadanos que si sabemos cuánto cuesta el  boleto del metro, el precio de la tortilla, cuánto ha incrementado la gasolina y que conocemos a personas cercanas víctimas de la violencia, que contamos con familiares o amigos desempleados, no escuchamos propuestas claras,  concretas, precisas, que nos estimulen a pensar que podemos tener un rumbo definido, un mejor país. No me queda la menor dudad, es el tiempo de los ciudadanos.

*Analista

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