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Debate elitista al alto vacíoGilberto Herrera Medina* Nada más abstracto, insustancial y vacío que el debate que se proponen realizar los candidatos presidenciales este próximo domingo. No hay temas concretos relacionados histórica y políticamente que pudieran interesar al país entero, a su población, a sus clases; una de ellas sí, la poseedora de la riqueza, de los créditos públicos y privados, la que se empeña en que se empeñe a crédito externo a Pemex, a los ferrocarriles a todos los medios de producción, entre otros la tierra, con el salario y los precios internos desvalorizados; pero en desventajosa competencia con los medios de producción, de cambio y de acumulación a razón de uno con 13 mil puntos o más entre peso y dólar. Vamos a escuchar, repetidas hasta el cansancio, las necedades panistas en contra del candidato del PRI, lo mismo que los lugares comunes de AMLO contra su pasado resentido de pequeño burgués incapaz de entender el mundo internacional de la materia prima internacional del petróleo nuestro, como producto del trabajo, como renta diferencial de la tierra; pero jamás como producto con un valor de capitalización reservado solamente a nuestros vecinos que lo compran, como compran cualesquiera otra mercancía, como simple valor de cambio; pero no como fuerza de producción y acrecentamiento de riqueza interna nuestra. De todos los aspirantes que van a debatir al alto vacío la de improvisación y de los tópicos que se les ocurran, a ninguno de ellos se le puede imputar la responsabilidad de la pésima conducción social, económica y política que ha tenido el país, principalmente de 1982 a la fecha, acentuado nuestro declive con la llegada de los tecnócratas al poder, que acabaron entregándole a la ultraderecha los destinos de México, tan costosamente defendidos por todo el pueblo de México a lo largo de su trágica historia. Pero si no se les puede imputar a ninguno tamaña responsabilidad en su calidad de individuos y de individualidades sociales, menos se puede esperar de un proceso abstracto, formalmente así planteado, como para obtener de los mismos algún atisbo del futuro social colectivo que nos espera como país, casi en total estado de indefensión ante las tendencias agonizantes del capitalismo mundial, que vive y se supervive de los espacios de ganancia y explotación que le quedan y le resten de las naciones latinoamericanas, entre ellas, principalmente nuestro país, del que no somos dueños, ni siquiera de sus recursos naturales como medios de incrementar un capitalismo propio, mediano, mediocre si se quiere, pero al fin y al cabo acorde a las necesidades de las fuerzas productivas que a lo largo de nuestro desenvolvimiento logramos alcanzar a partir de las reformas del general Lázaro Cárdenas y todo el potencial que ello generara. De los actuales candidatos presidenciales, continuadores o no de las políticas represivas que se le han impuesto a nuestro país desde fuera y con nuestros propios medios, de cualquiera de ellos, unos menos que otros, poco podemos esperar, poco puede esperar el país y sus fuerzas productivas, como no sea la subordinación mayor de las mismas a la medidas de regularización a que se encuentra sometido el mundo entero: Véase si no a Grecia, a España, Portugal, Irlanda, Italia, el Medio Oriente entero y lo que siga hundiéndose en esa vorágine de la crisis actual que cada vez se acentuará más todavía. ¿Quiénes de todos, los aspirantes a convertirse en Presidentes de México, tiene los supuestos y antecedentes para poder emprender desde el poder político del Estado Mexicano un cuarto de vuelta de volante, para librarnos de la última curva a cuyo borde está el precipicio de la ruina social y política de nuestro país, por muchas décadas más? Enumerar las insuficiencias de cada uno, sería perder el tiempo. Destacar el agrupamiento de clase que les sigue a cada cual, ya las masas populares lo saben y los tiene identificados, de ahí la honda indiferencia política que les acompaña y el interés mayor por el futbol con que, un gran plutócrata de reciente cuño, se permite velar el hecho mismo central de nuestra ficticia democracia. Tal vez lo único optimista, si es que a eso pueda llamársele tal, será el hecho de que la ultraderecha, subsidiaria del neo franquismo español, tenga que regresarse a sus bases familiares, de cuyas sacristías y confesionarios logró emerger por dos sexenios; y es que el capitalismo es materialismo entero, con todo y su espiritualismo vergonzante y paseado fuera de moda. Pero el alto vacío de las aspiraciones individuales, tras las que se ocultan los mismos intereses de la pequeña y gran burguesía nuestra, están a punto de cantar su último réquiem democrático al tanto por ciento al alza. *Analista Comentarios |
